Peter Pan lo tenía claro, creía firmemente en las hadas. No lo tenía difícil con campanilla revoloteando alrededor suya todo el día pero... ni siquiera en los dibujos animados había unanimidad sobre si existían o no.
Hoy día cuesta decir «¡Yo sí creo en la política!», el panorama actual no es nada hogareño y la queja o crítica rápida está en el orden del día. El paro, los sectores económicos más afectados (automóvil, inmobiliario, turístico, alimentario, ...) o el sistema bipartidista que desilusiona a muchos son algunas de las preocupaciones que muchos españoles han incorporado en su último par de años de democracia.
Somos humanos, a veces no nos damos cuenta de que quejarnos o compadecernos constantemente no nos deja pasar al siguiente nivel, de la preocupación a la ocupación. ¡Ojo! Creo que es de -casi- obligado cumplimiento tantas charlas alrededor de la crisis como sean necesarias para conseguir una visión crítica. Una visión que a cada uno le ayude a entender el origen de los problemas a la par de centrar sus preocupaciones concretas dentro de este mar de conflictos en este país tan dolorido.
Negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Estás son las cinco fases, según la doctora Elisabeth Kübler-Ross, por las que pasamos cuando sufrimos una catástrofe personal. ¿No hemos negado y nos hemos enfadado ya lo suficiente con la crisis? Es más, ya tenemos a nuestros mandatarios que ya han empezado con sus propias negociaciones como puede ser el caso de la reforma laboral. Algunos llevan ya algún tiempo en la depresión y quizás nos quede bastante para llegar a la aceptación.
En el mundo profesional por el que me muevo -alrededor del software libre- está muy asociado al trabajo colaborativo. La unidad o las ganas de cambiar el sector a favor de introducir nuevas libertadas hace que el entorno sea más propenso a las colaboraciones. En nuestro país, no podemos quedarnos detrás de los titulares de un periódico.
En toda esta "marabunta" de cambios, creo en la política como medio para poner rumbo al estado en busca del beneficio de la sociedad. Si bien es cierto que un partido electo está en una posición de poder durante un periodo de tiempo, creo que el pueblo a veces olvida todos los derechos que tiene además del voto. Vota a las ideas no a los partidos, critica, asegúrate de ser escuchado... ¡muévete! Vota en blanco, en gris, en rosa, azul o rojo, ¡pero vota! ¡Sal a la calle y manifiéstate si de verdad lo estás pasando tan mal como le comentabas a tus amigos en el bar!
Y sí lo que se te viene a la cabeza es: «¡Bah! No hay nada que hacer, siempre gobernarán los mismos...» Aún así, ¡yo estoy con Peter!, ¡debemos tener fe! Yo creo en el optimismo, el trabajo constante y, también, en España.
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